¿Cómo reconocer si mi hijo tiene déficit atencional?

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El Síndrome de Déficit Atencional es más común de lo que parece. Muchas veces, los padres creen que es flojera del niño o inquietud, en definitiva un “niño agotador”.

 Este trastorno es una disarmonía del desarrollo en la cual, y por mecanismos que no están del todo comprendidos, se produce una falta persistente en lograr los niveles adecuados de concentración. Se manifiesta en niños con inteligencia normal.

 “Puede o no presentarse asociado a hiperactividad e impulsividad. Lo que caracteriza al niño con déficit atencional es la mayor frecuencia e intensidad de estas conductas si se lo compara con sus pares de la misma edad”.

Entre las características que presentan los niños que padecen de este trastorno son:

  •  Distraen fácilmente por estímulos irrelevantes.
  •   El tiempo que pueden mantener la atención es menor, tienen dificultades para mantener la atención en las tareas e incluso en actividades como juegos.
  •   Les cuesta seguir instrucciones  y finalizar las tareas escolares, encargos, u obligaciones”. 
  •   Todo ello repercute en el rendimiento escolar del niño, en el desarrollo de la personalidad (baja autoestima, sentimiento de inutilidad y frustración), y en el proceso de integración social (dificultad para relacionarse con otros, aislamiento, problemas de disciplina, rechazo social y discriminación, también suelen olvidar rápidamente las cosas y de manera reiterada pierden objetos necesarios para sus actividades (su memoria inmediata no funciona suficientemente bien)”. 

En la mayoría de los casos hay señales claras frente a las cuales los padres deben estar atentos y consultar con un especialista: 

  •    Comete errores por no fijarse en trabajos de la escuela o en otras actividades.
  •   Tiene dificultades en mantener la atención en trabajos o en otras actividades.
  •    Parece no escuchar cuando se le habla. 
  •   No sigue las instrucciones o falla en terminar las cosas. 
  •   Tiene dificultad en organizarse. 
  •   Evita situaciones que implican mantener un nivel constante de esfuerzo mental. 
  •    A menudo pierde cosas. 
  •   Se distrae con estímulos externos. 
  •   Es olvidadizo de actividades diarias. 
  •    Está inquieto con las manos o los pies o no puede quedarse sentado quieto.
  •   Se levanta de su lugar en clases. 
  •   Está activo en situaciones en que es inapropiado. 
  •    Tiene dificultad en hacer cosas en forma tranquila. 
  •   Está como si “no se le acaban las pilas”. 
  •   Habla en forma excesiva. 
  •   Responde antes de que la otra persona termine. 
  •    Tiene dificultad en esperar su turno. 
  •    Frecuentemente interrumpe.